VEINTITRÉS: JUEVES A LA NOCHE. ÉL ACCEDE A UN RECUERDO ANTERIOR A LA CAÍDA. SE ILUSIONA Y TEME. EL JOVEN DEL TERMO SE MUESTRA MÁS INTELIGENTE DE LO QUE APARENTABA.
Pasa la
tarde, ya casi oscurece aunque las luces de acá están permanentemente prendidas
y es difícil darse cuenta de la diferencia. Hace un rato, cuando empecé a
sentir hambre cerré los ojos para concentrarme en la comida y lo que apareció
delante mío no fue un plato, fue el frente simétrico de un edificio, con una
puerta de doble hoja a la que se accedía por una escalera ancha, de escalones
bajitos y largos, de los que exigen un paso intermedio. Era una de esas
escaleras para detenerse y mirar, no para subir rápido. A los costados había
dos rampas con barandas, no sólo para discapacitados sino también para los
enfermos que, en silla de ruedas, necesitaran salir a tomar aire por la tarde.
O eso imaginé, porque lo que veía en mis ojos cerrados era como la foto de un
lugar muy nuevo, nunca usado por enfermos ni enfermeros ni familiares.
Seguramente es lo que vi al bajar de la ambulancia. El único cartel indicativo
estaba puesto arriba de la puerta, negro contra el frente verde del
edificio: ENTRADA y una cruz roja sobre un círculo blanco, de
las que tienen los hospitales para no ser bombardeados durante las guerras.
La muda me miraba cuando abrí los ojos, entonces esta vez recordé
algo, un verso que no sé de dónde saqué ¿Irías a ser muda que dios te
dio esos ojos?
Se lo dije en voz alta y me sonó cínico, sentí que lo mejor sería
ser mudo yo también.
Ahora entra Hughes con el termo, evidentemente es un atardecer
excitante: dos recuerdos y una visita.
—¡Pero qué buen color tenés hoy, che! —Buenos días, Hughes.
—Muy bien muy bien muy bien, te acordase de mi nombre, pero ese
era mi nombre del otro día, hoy soy Marcel.
—¿Y yo? —Darcy, che.
—¿Y ella?
—Marlene. No entendés, ustedes no cambian.
—Qué lástima, Darcy me gusta, pero Marlene…
Era la primera vez que me sentía tan seguro en un diálogo.
—¿No te gusta Marlene? ¿Qué tiene de malo Marlene? Es fatal, es de
novela: vas a tener que cuidarte che, mirá que si te agarra la mudita no te
suelta hasta el registro civil.
—¿Hoy es veintidós?
—No ¿veintidós de qué?
—Veintidós: el loco. Me sonó eso.
—Ah, bueno: ¿Es un recuerdo o una ironía conmigo?
—No se, pensé eso ¿Qué día es hoy?
—Es un gran día, todo puede empezar hoy, todo puede terminar hoy.
Es como dicen del vaso medio lleno o medio vacío.
—El tema conmigo es que no veo ni uno ni otro, veo un vaso por la
mitad. Lo miro y digo ese vaso está por la mitad.
—Entonces che, lo que vos tenés es un problema con la
subjetividad, no con la memoria. Sos un tipo tan exacto que se queda por la
mitad, no tenés arriba ni abajo, atrás o adelante, padre o hijo. No sos ni
pretérito perfecto ni futuro imperfecto, vos sos el presente continuo. Si Darcy
es tu nombre, presente va a ser tu sobrenombre: el loco presente.
—Pero el loco eras vos, me pareció entender.
—Puede ser, puede ser.
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